No tendría valor alguno, pero sobre mí se posó por vez primera el milagro mexicano. Vi cruzar por esa puerta al beato carretero, camino de su ordenación, y he visto caer una a una las capillas del convento grande. Cercada de resplandores dorados, debajo de los brazos enlazados en la cruz, yo permanezco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario