Me resguardan los muros del convento de mis queridos frailes descalzos. Cruza la sacristía, deja atrás los lavatorios, desciende la escalera: debajo de la cruz de Santiago, descanso finalmente de la pólvora, la sangre y el estruendo. Si me desenterraran, ¿me vería tan mal como esos doce?
P.d. No hay clase el jueves 22, nos vemos el 29. ¡Pásenla bien!
No hay comentarios:
Publicar un comentario